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Errar

Almudena Ribot Manzano
2011

Dos cosas nos ha suscitado CoLaboratorio 2010: recordarnos que el tamaño es importante y que los errores son inventivos. Ambas cuestiones, tamaño y error, se relacionan y se enredan: Podría ser: El cambio de tamaño es el que produce los errores. Desde el punto de vista estructural y constructivo en los prototipos industriales la complejidad es exponencial. Desde esos aspectos el tamaño importa y mucho. Al contrario sería: Los errores se admiten y por eso se acometen empresas de esa envergadura. En este sentido el tamaño no importa tanto como el riesgo al cambiar los parámetros… eso es lo que importaría.

Nuestros modelos se parecen más a programas beta que a libros de instrucciones

En la fabricación de prototipos cometer errores está tradicionalmente asumido. En informática el término beta se utiliza para indicar la primera versión de un programa, aquella que tiene que ser testada y mejorada.
Cambiar de tamaño en unas investigaciones sobre prototipos no es lo mismo que decidir la escala que va a tener la maqueta de un proyecto convencional. Aquí el tamaño si importa. Al aumentar un objeto se amplía el grado de complejidad en el proceso de proyecto y en la fabricación del mismo. Se debe pensar con otras herramientas: otras máquinas con las que ensayar, otros materiales a probar, otro número de maquetas previas a realizar… Se fabrica también de otra manera: procedimientos constructivos más complejos, más medios auxiliares, lugares para la experimentación más amplios.
Tradicionalmente ha habido libros de instrucciones “antes de abrir el aparato lea atentamente estas instrucciones “ o incluso mandatos “la empresa no se hace responsable del aparato si no se han seguido estrictamente las instrucciones de este documento “ . Sin embargo, aprender un programa informático es usarlo y las empresas no nos hacen responsables de ello.

Hablar de modelos es más difícil que hacerlo de prototipos

Los prototi­pos van en serie, camino de un objeto perfecto. Los modelos no tanto, no siguen necesariamente un camino lineal, pueden no encaminarse a una reali­dad posterior y saltar de modelo a modelo. Pueden ser también modelos de reflexión, modelos de comportamiento o de situación. Los modelos son parte de la realidad, son coproductores de la realidad.
CoLaboratorio es un proyecto a largo plazo, abierto y en permanente prueba y error. La exposición no es el resultado de un proceso, no es un final feliz, y tampoco es un work in progress , un momento congelado en espera de otro posterior, sino que se trata más bien de un lugar de producción. Sacamos el taller. Fuera.

A la precarización de nuestra experiencia, opongamos un pensamiento deci­didamente precario, que se inserte e inocule en las redes mismas que nos ahogan

BOURRIAUD, Nicolás. Radicante. Adriana Hidalgo edit. 2009

El error tiene que ver con la incertidumbre en la que nos movemos en la vida contemporánea. Es puritano pensar que se tienen que realizar cosas dogmá­ticamente perfectas en una sociedad que no tiene firme.
En situaciones tan precarias se dan respuestas instantáneas y transitorias. Es hora de cambiar de actitud: valorar lo circunstancial, lo móvil y lo coyuntural.

Error no es fracaso

En CoLaboratorio no usamos palabras tan grandes, lastran mucho. Tampoco tiene nada que ver con frustrante, ni siquiera con equívoco. Pensamos más bien en palabras como traspiés. Nos interesa sobre todo errata y por eso también errante.
Pongamos el error en el mismo plano que las cosas bien hechas. Simplemente eso. Si hablamos diferente pensaremos diferente. Si lo consideramos como parte de la producción actual dejará de ser un impedimento y pasará a ser parte del sistema cultural, parte de nuestra caja de herramientas.

Robert Filliou. Création permanente 1969- Cat nº 31.Stádtisches Museum Abteiberg, Mönchengladbach.

Un calcetín rojo en una caja amarilla. Hice una primera versión a la que llamé “bien hecha”: las dimensiones del calcetín rojo se correspondían con las de la caja, pintada cuidadosamente de amarillo. Y después hice una versión a la que llamé “mal hecha”: ya no me preocupaba saber si las proporciones se corres­pondían o si el color estaba bien aplicado. Y a continuación hice una versión “sin hacer”: tan solo el concepto. En ella aparecía escrito “calcetín rojo en una caja amarilla”. Después, cogí esos tres elementos y los puse juntos en una tabla. Bien hecho, mal hecho y sin hacer. Y consideré el grupo de esos tres elementos como “bien hecho”. Volví a hacerlo una vez más “mal hecho” y una tercera vez “sin hacer”.

Robert Filliou, Genio sin talento. Catálogo exposición Museu dArt Contemporani de Barcelona. MACBA 2003. P28. Fragmento extraído de una entrevista con Irmeline Lebeer, 1976, en Robert Filliou. Bruselas: Lebeer Hossmann, 1990.
Robert Filliou. Principe d´equivalence. 1968.Cat nº28. Centre Georges Pompidou, Musée national dárt moderne /CCi, Paris

Equivócate otra vez. A ser posible, comete un error distinto

Recuperar la idea de que las cosas son perfectibles facilita la acción. Hay que desbloquearse, hacer cosas y equivocarse.
Los proyectos no son finitos, no se terminan cuando se entregan. Los proyectos son de larga distancia, son investigaciones que se proponen una vez y se reto­ man, desplazándose, varias veces a lo largo de la vida. Su resultado tampoco termina en sí mismo, en el propio objeto que produce, sino que expande su alcance más allá del contexto físico propio. La arquitectura sobre todo se instala y por eso es, en cierto modo, removible, recuperable. Las ideas se retoman y se reconstruyen y, con suerte, se perfeccionan y si no se tiene tanta, se cometen nuevos errores. Distintos.
Por eso los arquitectos pensamos haciendo. Pensamos en movimiento, en un juego pendular que va de lo abstracto a lo concreto. Manejamos ideas abstractas y pasamos de un código abstracto a un objeto que se apoya en códigos explícitamente físicos. El proceso es similar a una traducción, en la que reconocemos los dos idiomas y negociamos con ellos. También sabemos, como sucede en las traducciones, que después de todo, esta no será perfecta, no se habrá recogido todo. En CoLaboratorio nos interesan los restos, nos alimentamos de ellos, los retomamos y volvemos a traducir.
Realizamos modelos lo suficientemente genéricos como para ser territorio de proyecto a largo plazo, modelos de reflexión, y lo suficientemente específicos como para defenderse por sí mismos. Sabemos también que siempre queda un resto, por eso seguimos.

Porque no engraso los ejes
me llaman abandona´o
Si a mí me gusta que suenen
¿Pa qué los quiero engrasaos?

Fragmento de la canción Los ejes de mi carreta- Romildo Risso/ Atahualpa Yupanqui 1968-71

Hacemos objetos pero no pensamos tanto en las cosas sino en las relaciones. No nos interesan las cosas.
No miramos la figura sobre el fondo, pero tampoco la figura, ni el fondo, sino el espacio entre ambos, la negociación y el compromiso. Esas relaciones cambian, no son fijas y son las que nos interesan.
Nos gusta el movimiento y el tiempo al que el error hace referencia. El error pone los objetos a andar porque, en vez de aislarlos, los encadena a una multiplicidad de enlaces y desplazamientos, se refiere al antes y al después. Habla sobre el tiempo porque nos recuerda que las formas son siempre tempo­rales.

El error trastoca el orden y pone el mundo patas arriba, es más excitante que el acierto.