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La vida instrucciones de uso.

1. Se puede decir que no existen dos procesos de aprendizaje
iguales, pero sí alguna manera de concretar en aspectos y modos de
enseñar la arquitectura parecidos. Hace tres años que salió la primera
edición del taller que dirigisteis, llamado CoLaboratorio , ¿Podríais
explicarnos de qué trata y que aspectos evolutivos habéis visto en estos
últimos años?

Almudena Ribot:

CoLaboratorio nació de un interés común por explorar las relaciones que pudieran existir entre los procesos de construcción e industria contemporánea y los procedimientos y estrategias proyectuales de la arquitectura. Trabajamos con máquinas de corte digital y fabricamos prototipos.
Desde el inicio enfocamos esta actividad fabricamos modelos en colaboración, de tal manera que cada alumno tiene un cierto grado de autonomía y a la vez cierta dependencia del grupo. Con el tiempo hemos ido aprendiendo que esta parte colaborativa del taller es casi más interesante que los propios prototipos.
El trabajo colectivo es el paradigma de la profesión del arquitecto hoy en día. El arquitecto individual que trabaja asilado y protegido desde su estudio se ha terminado. Hoy en día proyectar arquitectura es negociar.
El objetivo consiste en transferir esta situación real de trabajo colectivo, participativo y negociado al estudiante. Esto, que en principio parece muy sencillo, no lo es, emular la realidad es un procedimiento que necesita oscilar entre lo concreto y lo abstracto. Además el alumno actual, en particular el de la ETSAM de la UPM, tiene muy buenos resultados en su formación académica y por lo tanto tiende a un trabajo concentrado e individual. Nuestro propósito es hacer que recuerde y desarrolle sus competencias transversales, comunes a todas las disciplinas y a veces tan olvidadas. Negociar no es perder, la complicidad supone ganancia individual.

Ignacio Borrego:

Los formatos colaborativos y los nuevos medios digitales a nuestro alcance, no sólo suponen una revolución en nuestra manera de abordar nuestra disciplina, sino que su influencia cala ya en los propios métodos de transmisión de conocimientos y en la formación de los futuros arquitectos.
El nuevo flujo de información y los medios digitales de fabricación nos permiten estrechar la distancia entre el mundo académico y el profesional, entre la creación y la construcción. Estos nuevos medios parece que son los que nos van a permitir vincular de nuevo la formación con la experiencia directa, y el aprendizaje colaborativo con la negociación.
Esta publicación está vinculada al conjunto de investigaciones desarrolladas
en el CoLaboratorio, un espacio de producción de prototipos y objetos reales.

Diego García-Setién:

CoLaboratorio nació con el objetivo de experimentar con métodos docentes que desplazasen la importancia del genio individual hacia la inteligencia colectiva, fomentando la producción material real en el aula – aprender fabricando – como tarea esencial del arquitecto. Nos parecía urgente evolucionar los métodos de aprendizaje de la disciplina y de las técnicas de proyecto arquitectónico. Hoy que las competencias del arquitecto como profesional aislado están en entredicho, vemos cómo la enseñanza, sigue siendo muy similar a las que conocieron nuestros abuelos arquitectos.
Un comienzo casualmente exitoso en una asignatura optativa, nos animó a trasladar esta experiencia y metodología a un curso de Proyectos ordinario y troncal en el actual plan de estudios. El salto implicaba todo un reto logístico: pasar de gestionar una inteligencia colectiva de 12, a otra de 75 proyectistas.
Actualmente seguimos aprendiendo a hacerlo mejor.

2. En la edición del 2010/2011 aparece la importancia del “errar” y la diferencia que existe con el fracaso a la hora de proyectar, ¿cómo expresáis esto a vuestros alumnos a la hora de llevar la clase?

Almudera Ribot:

La universidad está para explorar y para experimentar y por lo tanto para equivocarnos, aprendemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos. A los alumnos intentamos ponerles el error en el mismo nivel que las cosas bien hechas, simplemente eso. También ayuda el no preocuparnos tanto de las cosas, de los objetos y pensar más en las relaciones entre ellas. Preocuparnos de las negociaciones, los procesos, los lugares intermedios, eso es lo que nos interesa. Los alumnos saben que esto no es una postura académica y retórica, es una actitud real.

Ignacio Borrego:

En un acercamiento pedagógico en el que los productos no son representaciones a escala real, sino modelos finales en sí mismos, conlleva la introducción de una acepción interesante de errar, que generalmente queda minimizada en entornos académicos. Se trata del error entendido como desviación de una formalización ideal, y no tanto como una equivocación.
La desviación será inversamente proporcional a la precisión de los procesos de
materialización empleados, pero siempre estará presente si el objetivo exige testar las instrucciones programadas y verificar su viabilidad. La necesidad de alcanzar un producto construido exige manejar cuestiones de compatibilidad, prueba, tolerancia, y error.

Diego García-Setién:

Cuando decimos que CoLaboratorio trata de explorar las posibles transferencias que existen en los procesos de diseño y fabricación de la industria contemporánea, nos referimos a cómo se desarrolla por ejemplo el último modelo de un automóvil. Ésta es una tarea que no tiene un solo autor, sino un equipo técnico detrás. Durante la fase de prototipado se asume el ‘error’ como parte fundamental de un proceso de optimización y continua mejora de lo proyectado y fabricado.
Este es un asunto crucial para el aprendizaje de un estudiante de arquitectura: entender que lo importante es cómo desarrollar un proyecto de arquitectura, entendiéndolo como un poliédrico y complejo sistema de relaciones multiescalares, afectado por diferentes agentes y circunstancias.

3. Se han realizado proyectos como la M-30, vivienda vertical y
últimamente están trabajando en una nueva ciudad para Túnez, que
conllevó un viaje con los alumnos. ¿Podríais hablarnos un poco de ello?

Almudena Ribot:

Desde las experiencias con CoLaboratorio no paramos de descubrir nuevas posibilidades en los procedimientos colectivos.
En el proyecto De la M-30 trabajamos sobre todo en relaciones de borde, el proyecto era lineal y se loteaba según secciones transversales comunes a dos alumnos. Se proyectaba partiendo de una sección longitudinal, las transversales hacían de desencadenante y a la vez de junta física entre los proyectos individuales. El proyecto vertical aumentaba los niveles de colaboración, teniendo que intercambiar m3 entre los lotes colindante y trabajando con la gravedad y apoyos comunes para todo el grupo. Si alguien no los respetaba literalmente tiraba al resto de los compañeros. En Túnez hemos aumentado la complejidad en las negociaciones. Nuestro próximo objetivo será superar las relaciones de contacto y trabajar con mediaciones de los procedimientos.

Ignacio Borrego:

Cada curso ha tratado de ordenar sus objetivos a través de un marco general sencillo que estableciera, además de un trabajo colaborativo, un enfrentamiento a realidades en cierta forma opuestas que permitieran poner en valor los valores específicos en cada caso. Durante el primer cuatrimestre del curso 2011-12 se estudiaba la gran escala de la ciudad y las grandes infraestructuras a través de un análisis de la globalidad de la M-30 poniendo el énfasis en el contexto físico y las macroestructuras, mientras que el segundo cuatrimestre se concentraba en un pequeño espacio doméstico en el que el contexto se reducía a la negociación con los compañeros que desarrollaban su proyecto en una posición contigua, dando prioridad a la escala cercana de lo atmosférico y lo material. El contexto deja de ser una situación preexistente con la que dialogar, para convertirse en una realidad cambiante y adyacente con la que negociar.
Durante el siguiente curso, 2012-13 hemos realizado durante el primer cuatrimestre una ciudad nueva de forma colectiva en el desierto de Túnez, dando prioridad fundamentalmente a las condiciones climáticas y a su influencia sobre la forma, los sistemas pasivos y los activos para reaccionar
ante ellos de forma intencionada. El contraste se produce en el siguiente cuatrimestre en el que además de variar de nuevo la escala para atender a aspectos más constructivos, viajamos hasta el frío entorno de una isla junto
a Copenhague, para constatar la importancia de los parámetros ambientales.

Diego García-Setién:

Trabajar como un colectivo, convierte el taller de proyectos en un Equipo Técnico con una capacidad de respuesta potentísima. Llevando esto a otra escala bien gestionada, organizando bien su funcionamiento y el reparto de tareas, podría convertir a la propia Escuela de Arquitectura en un interesante órgano consultivo y productivo, que sirviera a la sociedad que la mantiene. La colección de cartografías que se produjeron para la M-30, podría ser el desencadenante o anteproyecto de un Atlas Psico-Geográfico para Madrid. El caso de la Estantería vertical, representa la primera etapa de proyecto de algo que hemos llamado ‘Open Building 2.0’ que estamos preparando como Proyecto de Investigación y para el que actualmente buscamos financiación. Se trata de un proyecto colectivo que pretende actualizar las propuestas residenciales compactas de ‘soporte y relleno’ de J.N. Habraken, mediante la implementación de las TICs en el proceso de diseño, fabricación y participación en la toma de decisiones. De desarrollarse como esperamos, el proyecto podría atravesar la estructura de grado, postgrado e investigación de la Universidad, haciendo partícipes del proceso a nuestros estudiantes y a los miembros de nuestro grupo de investigación ProLab, como integrantes de un gran departamento I+D+i, que ofrecería así todo el potencial técnico y creativo de esta Escuela pública, a quien quisiera aprovecharlo.

4. Se inició el taller dando una lista importante de referencias de proyectos de arquitectura desde el Hotel y Palacio de Congresos de OMA en Agadir, hasta el Hospital de Venecia de Le Corbusier. ¿Cuál es la importancia de conocer y analizar obras de arquitectura y cómo lo relacionan y usan los alumnos para el proyecto por ejemplo en Túnez?

Almudena Ribot:

El trabajo desde cero, desde la famosa página en blanco a la que se enfrenta el artista, hace mucho tiempo que se ha acabado. El proceso de la arquitectura no empieza con una visión mágica del proyecto, sino que trabajamos desde la información, desde un número impresionante de datos y preexistencias en los que hay que bucear y sobre todo seleccionar para generar nuevos significados. Nosotros aportamos al alumno un buen número de referencias de otras arquitecturas como parte del paquete de datos que tendrá que manejar durante el proyecto. Se trata de insertar estos objetos culturales en un nuevo contexto, para lo que tendrá que conocer bien el material de trabajo y tendrá que admitir que la originalidad se desdibuja, no es tan importante.

Ignacio Borrego:

Isaac Newton escribía en una nota a Robert Hooke en 1675: “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque me he subido a hombros de gigantes”.
Estas palabras no eran originalmente suyas, sin embargo se han convertido en un elocuente ejemplo del poder de lo colectivo en la elaboración del conocimiento científico. La universidad es el entorno oportuno para hacer entender que lo importante es aprender a aprender, y que la mayor parte del camino ya ha sido recorrido por alguien antes que nosotros por lo que debemos aprovechar esa experiencia. En el proyecto de espacios habitables (“La vida instrucciones de uso”) se ha acudido a este recurso a través de la distribución entre los alumnos de una colección de soluciones constructivas sistemáticas que debían ser estudiadas por ellos en una primera instancia, y más tarde aplicadas a sus propios proyectos. El desarrollo constructivo de cada proyecto partía de estas experiencias relevantes de la historia reciente de la Arquitectura en forma de referencias de uso obligatorio.

Diego García-Setién

La arquitectura es una disciplina técnica e histórica, y es preciso estudiarla y conocerla en profundidad. Dotar desde el inicio al alumno, con un material de trabajo, como un Proyecto escogido, de calidad probada, implica inyectarle un conocimiento, que se transfiere desde el momento en que el alumno comienza a modificarlo, debiendo conocer cuáles son sus propiedades y valores esenciales. Trabajar con el ‘código genético’ de estas arquitecturas, significa gestionar un buen paquete de información, pero no como mera referencia, sino como ‘materia de proyecto’ manipulable, modificable y desarrollable hasta otro nuevo proyecto. Este modo de trabajo apunta al objetivo, ya comentado, de anular o suspender el carácter individual del proyecto desde el principio.

5. Para terminar, muchas escuelas llevan el tema de la revisión del proyecto del alumno, “la crítica”, a un lugar más individualizado, lo que conocemos todos como crítica personal, en vuestro caso, sabemos que veis este modo de enseñar un poco limitado, debido a la falta de atención del alumno por el proyecto de los demás. ¿Qué puntos positivos observáis en la crítica colectiva?

Almudena Ribot:

Creemos que se aprende más con la conversación que con la corrección individual, lo importante está en las relaciones entre proyectos y no en los ejemplos concretos. También, que se aprende más con las correcciones a los otros que con las propias, todos tendemos a ver más fácilmente los errores ajenos.
Por eso es mejor hacerlo en colectivo y en alto, aprendemos un poco por reflejo.

Ignacio Borrego:

La implicación personal conlleva cierta subjetividad que dificulta el entendimiento a la hora de la evaluación o revisión del trabajo propio. Sin embargo, el enfrentamiento al trabajo ajeno se puede producir por parte de los compañeros con una actitud desprejuiciada y crítica que permite en muchas ocasiones entender la idoneidad o incorrección de cada una de las decisiones adoptadas, permitiendo el aprendizaje con mayor eficacia.

Diego García-Setién

¿Cómo apoyar la crítica individual, si fomentamos el trabajo más sinérgico de un colectivo? No obstante, hemos comprobado que en el proceso de aprendizaje es importante mantener una parcela de desarrollo para el trabajo individual, pues éste funciona como fuerza motriz y estímulo para el alumno. Para integrar la individualidad en lo colectivo, estructuramos el curso a partir de una estrategia general colectiva, que define unos parámetros de relación entre los integrantes del curso, pero permite implementar diferentes tácticas individuales de proyecto. Estas tácticas se pueden aislar en una crítica sólo relativamente, pues necesitan siempre de una ‘contextualización’ en el conjunto donde se integran.
Con todo, nos queda mucho por mejorar…